lunes, 2 de julio de 2018

PRIMEROS MESES EN LA GUARDERÍA

Si algo tenía claro clarísimo es que no quería que mi hijo fuese a la guardería hasta que tuviese dos años, es decir, un curso antes de empezar educación infantil. Y teniendo en cuenta que él nació en abril y que la escuela empieza en septiembre él tendría ya 29 meses por lo que ya sería algo más mayor y menos bebé. Y no quería que fuese a la guardería porque realmente no tengo necesidad. Por suerte puedo estar con él todo el tiempo y cuando no, mis padres pueden (y quieren) quedarse con él sin problema. Así que, como digo, lo tenía claro.
Primeros meses en la guardería

Sin embargo, cuando Bebé Pingüino cumplió 14 meses su comportamiento empezó a cambiar mucho. Siempre ha sido un niño con carácter pero, de repente, empezó a tener rabietas por todo. La teoría en estos casos me la sé muy bien pero la realidad es bien distinta. A mí no me funcionaba nada. Mi paciencia empezaba a agotarse por momentos. A esto tenemos que sumarle que Bebé Pingüino, aunque es un niño muy independiente, no deja de demandar atención, lo cuál es lógico. Pero yo, estando con él en casa, no podía ni encender el ordenado ni casi coger el móvil para hacer cosas o trabajar. La situación era bastante compleja. 

Coincidió que lo llevé a un pediatra a una revisión general y al ver su comportamiento me sugirió que lo llevase a una guardería. Lo cierto es que ya me lo habían dicho más personas pero eso de llevarlo a la guardería para "solucionar" comportamientos no me parecía adecuado. Más que nada porque no creo que esa sea la solución. Sin embargo sí que es cierto que necesitaba algo de tiempo en el día para hacer mis cosas y tampoco quería saturar a mis padres, así que pensé que quizás sería buena idea para todos llevarle unas horas. Mi intención era llevarlo sólo 2 o 3 horas por la mañana. Lo justo para que me diera tiempo a hacer lo mínimo de lo que tenía que hacer.

Teniendo en cuenta que estábamos en noviembre, todas las escuelas ya habían comenzado un par de meses atrás. En mi pueblo sólo hay dos guarderías, una pública y una privada. Aunque no tenía problema en desplazarme. Mi primera opción fue visitar la pública. Pero estaba llena. Aún así me dieron los papeles para que los rellenase por si quedaba alguna plaza libre, pero al salir me pasé por la privada, que está justo enfrente, y concerté una cita con la dueña (directora) para conocer el centro y la metodología.

Aún no estaba del todo convencida de la decisión. Pero todo cambió cuando fui a esa visita. Para empezar no era una guardería al uso. Era una casa que ella había comprado y la había adaptado de forma que fuese una escuelita. De hecho, ella vive en la parte de arriba. En la parte de abajo estaban las tres aulas (una por edad), la cocina, los baños... Todo estaba conectado y en medio había un patio enorme que daba a un patio inferior donde había otro patio con huerto, árboles, conejos y gallinas. Era una escuela con una metodología respetuosa en la que, a pesar de haber tres aulas, todos los niños trabajaban juntos. De hecho no había demasiados niños. Trabajaban por proyectos y todo lo realizaban a través de trabajos manuales y murales en los que colaboraban todos, incluidos bebes, cada uno en la medida de sus posibilidades. Se basaba en pedagogías alternativas y ella tenía su propio método. Me gustó mucho todo lo que me explicaba y pensé que era un buen sitio para Bebé Pingüino. El horario, en nuestro caso, sería de 9-13 porque sacarlo antes era romper las rutinas y ritmo de trabajo. Me pareció bien, además comería en casa, eso sí que lo tenía claro. Allí almorzaría algo a media mañana que siempre sería fruta de temporada, salvo alguna excepción en cumpleaños o algún día ocasional que les daría alguna galleta o cereales. 

Empezamos en diciembre. El primer día fui con cierto miedo. Lo comenté con muchas amigas mamás y casi todas me dijeron que era un día importante a nivel emocional, tanto para él como para mí. Me avisaron que seguramente ambos lloraríamos. Me conciencié todo lo que pude y, a pesar de que le había explicado que iba a ir a una escuela y que conocería a muchos niños y aprendería mucho, Bebe Pingüino se quedó llorando. Me pareció lo más normal del mundo puesto que habíamos estado 20 meses sin separarnos ni un sólo día. Yo también me fui un poco tocada pero por suerte la mañana pasó bastante rápido. Al recogerle también estuvo llorando y luego tuvo una tarde con mucha mamitis. 

Desde ese día y hasta el día de hoy la trayectoria de Bebé Pingüino en la guardería ha sido bastante irregular. Como es normal, de no ponerse ni un sólo día malo en casi 2 años, durante estos meses se puso malito varias veces. Por suerte, nada importante. Lo que pasaba es que como yo estaba en casa me permitía dejarlo conmigo a la mínima. En teoría sólo debía dejarlo en casa cuando tuviese fiebre alta o enfermedades importantes, pero a mi no me apetecía llevarlo si lo encontraba algo decaído, aunque sólo fuese un resfriado. Además también faltamos bastante en Navidad y en otros periodos vacacionales. 

¿Ha mejorado el comportamiento de Bebé Pingüino en estos meses? No. Así de rotundo. Es cierto que durante un tiempo pareció estar más tranquilo, pero de un par de meses hacia ahora vuelve a tener un comportamiento difícil y rebelde. Por tanto, no, la guardería no ayuda. Alguna amiga ya me lo había comentado. A su hijo le pasó igual. Y es que cada niño tiene un carácter y una forma de ser y el hecho de ir o no a la guardería no va a hacer que cambie. Ni se debería pretender que cambie.

Soy maestra de educación infantil y primaria y también soy madre. Sé que no es necesario que los niños vayan a la guardería y que el mejor sitio, el sitio natural para que se desarrollen, es estando con su familia. Pero también es cierto que cada familia tiene sus propias circunstancias. Y luego también depende de cómo sea cada niño. Sé que hay mucha controversia respecto a si llevarlos o no a la guardería, e incluso a educación infantil. Son etapas educativas no obligatorias. Pero aunque como madre sé que lo mejor para mi hijo es estar juntos el mayor tiempo posible, como maestra sé que es muy bueno para ellos el tiempo que están en la escuela y/o guardería. 

Mi opinión al respecto es que cada madre sabe cuáles son sus propias circunstancias y lo que es mejor para ella y su hijo y yo nunca voy a juzgar lo que cada una haga porque considero que cada una lo hace lo mejor que sabe y puede. En mi caso también era importante para mi que Bebé Pingüino solializase con otros niños. En nuestro entorno no tenemos muchos niños alrededor, prácticamente ninguno. Y a él le encantan. En el parque se vuelve loco y cuando estamos en la calle y vemos niños también. Me parecía importante que tuviese ese contacto que a él le hacía feliz.

El curso que viene aún no sé que haré. Aún está todo un poco en el aire. No hemos salido muy contentos de esta guardería. A nivel metodológico me ha parecido una pasada pero a nivel personal siento que ha dejado mucho que desear. Han sido muchas pequeñas cosas que han ido sumando y, por tanto, no quiero que mi hijo siga ahí. Sé que el mejor sitio para que Bebé Pingüino se desarrolle feliz es conmigo y sus abuelos, pero viene un año muy ajetreado y necesito tiempo para poder hacer todo mi trabajo y estudiar oposiciones. Es probable que se quede en casa pero ¡voy a necesitar aprender a hacer malabares!
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¿Ha ido tu hijo este curso a la guardería? ¿Ha sido por cuestiones de estudio, trabajo o por necesitar un poco de tiempo para ti? ¿Has tenido una buena experiencia?

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