viernes, 8 de junio de 2018

CICLOS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA: LA HISTORIA DE MY BABY COMES

No hay mejor manera de comprender una Técnica de Reproducción Asistida que conocer la historia de alguien que haya pasado por ella. Estas historias pueden ayudarte a entender, no sólo la parte técnica, sino también la emocional, que es la menos visible y la que más cuesta afrontar. Por ello, hoy he querido contar con Ainhoa, el blog My Baby Comes. Alguien con quien tengo una relación muy especial. Conocí a Ainhoa gracias a la #Infertilpandy en Twitter, enseguida me sentí muy identificada y unida a ella. Ambas buscábamos ser madres solteras. Cuando empezamos a hablar yo ya estaba embarazada, poco tiempo después ella lo consiguió. No sin antes haber pasado por varios Tratamientos de Reproducción Asistida y realizarse diferentes pruebas.

Gracias Ainhoa porque siempre has estado, desde el principio. Porque pienso en mi búsqueda y te recuerdo con cariño. Porque aunque no me hice visible hasta que estuve embarazada de tres meses, antes ya os leía, te leía. Y tu blog me acompañó desde tu primer post. Nos hemos visto crecer y hemos visto crecer a nuestros pequeños. Gracias por dejarme compartir tu historia en mi pequeño espacio.


Ciclos de Reproducción Asistida - La historia de My baby comes

Cuando decidí ser mamá, madre soltera por elección, sabía entre poco y nada sobre reproducción asistida. Recuerdo una época en la que incluso mezclaba lo que era una inseminación con una fecundación in vitro… madre mía. Ojalá hubiera sabido sobre este mundo todo lo que sé ahora. 

Me adentré en este mundo porque, obviamente, era necesario en mi caso, pero nunca, nunca imaginé lo mucho que me iba a costar y mucho menos que la infertilidad llamaría a mi puerta. 

Tenía 38 años, físicamente todo parecía estar bien y de nuevo mi ignorancia me hizo creer que con esto bastaba. 

Al inicio me realizaron las pruebas “básicas” (¡ja!, mentira… hacen falta muchas más), analíticas, la histerosalpingosonografía… mi útero resultó ser “arcuato”, primer susto. Directamente fui a IAD (inseminación artificial con donante). Qué ilusión tenía, cuantas esperanzas. Mi primera IAD tuvo que ser cancelada, entre los folículos que me veían en cada control (crecieron demasiados) y mis niveles de estradiol, así me lo acosejaron y me comentaron que en las siguientes, me reducirían la dosis hormonal que me pinchaba. Ese fue el primer aviso de que esto no iba a ser sencillo. 

En total me realizaron cinco IAD, no tuve éxito en ninguna de ella, fueron negativas todas. Mi calidad ovocitaria ya comenzaba a ser preocupante. Yo a esas alturas ya estaba hecha polvo. Lo estoy resumiendo mucho, pero habían pasado muchos meses, muchos problemas y estaba realmente mal anímicamente y fatal económicamente. La Seguridad Social jamás cubrió ninguno de mis tratamientos y, hacer esto sola, es muy duro económicamente también. Era una situación que me mataba de impotencia y rabia. Cuando me aconsejaron pasar a una FIV o ICSI, no supe como encontrar la manera de costearlo. Me daba miedo entrar en un préstamo que me tuviera años pagando y que, en el mejor de los casos, tuviera ese gasto con un bebé que mantener y, en el peor de los casos, que esto no funcionara y me viera ya definitivamente sin recursos para poder continuar. Era angustioso. 

Un día escuché hablar sobre la Embriodonación (Adopción de Embriones) y una ventana se abrió de golpe para mi. Ya tenía 40 años y mis óvulos parecían llevar un camino muy diferente al que yo hubiera deseado. Cuando te dicen eso de “infertilidad de origen desconocido” se te vuelve la cabeza del revés. Hablábamos de embriones donados, de buena calidad y mejores resultados que estaban esperando a alguien como yo, con unas ganas locas de ser mamá y mil impedimentos por el camino. He de reconocer que nunca tuve ni he tenido duelo genético, no pensé en ello. Quería ser madre, todo lo que encontrara en el camino para ayudarme a ello sería positivo. Durante cinco intentos había utilizado un donante masculino, pues ahora, esos embriones serían maravillosamente adoptados. Leí mucho sobre Epigenética, eso sí que lo digo, y eso no hizo más que tranquilizarme todavía más. El intercambio genético que se produce durante el embarazo entre madre e hijo es asombroso y, hoy por hoy, puedo confirmarlo. 

Me lancé de cabeza a la Embriodonación. Todo era positivo y, encima, muchísimo más económico, pero mucho más. Mi sexto intento fue una transferencia de dos embriones, dos blastos. No hubo suerte… siempre dudé porque no me lo realizaron en mi clínica “de siempre” y nunca
me gustó. Hundida de nuevo seguí negándome a tirar la toalla y volví a mi clínica. 

Uní mi séptimo y más desesperado intento a una histeroscopia quirúrgica con scratching endometrial el ciclo anterior a la transferencia y al comienzo de un tratamiento con heparina (Clexane 60) tras descubrir unos problemas de trombofilias. Esta vez seleccionaron dos embriones de +3 días, de 8 células y calidad grado 1 y 2. Y uno, el más bonito del mundo, se quedó conmigo. 

La Embriodonación me hizo mamá, la mamá más feliz del mundo. Tengo la niña más bonita, perfecta y maravillosa que puede existir. Tuve un embarazo y parto perfectos. Mi niña tiene ya 20 meses, la tuve con 41 años y no existe día en el cual no de las gracias por la decisión que tomé. 

Nunca se olvida la lucha, ni las lágrimas, ni el dolor, pero hoy por hoy siento que todo fue por algo, todo fue por ella, todo tuvo sentido. Hay opciones, alternativas… esto no es sencillo, pero tampoco imposible. Y esta felicidad termina curándolo todo. Todo. 

Nunca dejéis de luchar, los sueños pueden hacerse realidad.
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¿Conocías la historia de Ainhoa? ¿Y su blog? ¿Si has pasado por un proceso similar, cómo lo has vivido?

CICLOS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA

- Inseminación Artificial
- La historia de Madre Solterona
- Fecundación in Vitro 
- La historia de Una Madre Legal
- Adopción de Embriones

1 comentario:

  1. Ay cariño, me has emocionado. Formas parte de esta lucha, ocupas un lugar muy especial en mi corazón. Gracias por tus palabras y por TODO! ����

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